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No se trata del pez

Leer: Jonás 3:10–4:4 | La Biblia en un año: Isaías 1–2 Gálatas 5 Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió… (3:10).

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Vista muchas veces cerca de las costas de South Queensland, en Australia, Migaloo es la primera ballena jorobada albina que se conoce. Esta criatura espléndida, de más de doce metros de largo, es tan rara, que el gobierno promulgó una ley para protegerla de manera específica.

La Biblia narra sobre un «gran pez» tan raro, que Dios lo envió específicamente para que se tragara a un profeta que huía (Jonás 1:17). Casi todos conocen la historia. Dios le dijo a Jonás que llevara un mensaje de juicio a Nínive, pero él no quería tener nada que ver con esa gente, que era famosa por su crueldad. Entonces, huyó. Pero las cosas salieron mal. Dentro del pez, Jonás se arrepintió. Finalmente, les predicó a los ninivitas, y estos también se arrepintieron (3:5-10).

Una gran historia, ¿verdad? Pero la historia de Jonás no tiene que ver con el pez, sino con nuestra naturaleza humana y con la de Dios que nos busca. Como escribió el apóstol Pedro: «El Señor no retarda su promesa, […] sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 Pedro 3:9). Dios ofrece su amor a los brutales ninivitas, a los profetas enojados, y a ti y a mí.

Señor, somos tan proclives a ver lo que otros «se merecen». Ayúdame a vivir en tu amor y a hablarles a otros de ti.